FINCA DE TORRIQUE

Adquirida por el Ayuntamiento de Noblejas en el año 2008, es una dehesa que ocupa una superficie de 251 hectáreas, 26 áreas y 56 centiáreas.

La plantación de nogales, las vides y las dulces aguas del río Tajo culminan la belleza de este paraje.

Los asentamientos agrícolas del valle del Tajo son numerosos, y las actuaciones arqueológicas de los últimos años han podido confirmar la existencia de una villa romana aproximadamente a cada kilómetro. En estas tierras, se localiza una de ellas, que posee singular interés.

Además de las explotaciones romanas de “lapis specularis” (conocido en la actualidad como “espejuelo”), a diferencia del resto, en las proximidades se conservan dos obras hidráulicas de clara tipología romana: el “Pontón Grande” y el “Pontón Chico”. Se trata de sendas presas de contrafuertes o pontones, que se caracterizan por tener un trazado rectilíneo y un remate superior horizontal pavimentado, que podía usarse como puente. De ahí el apelativo común de pontones.

El Pontón Grande se levanta en un estrechamiento del arroyo de Valdeangostillo, en el lugar en que este cauce desemboca a las tierras llanas de la vega del Tajo, a menos de 1km del río. De acuerdo con los datos que aportó en su día el ya difunto Manuel Díaz-Marta, el Pontón Grande tiene unas dimensiones de 4,5 metros de altura, 6,7 m de ancho y 58 de longitud. Consta de un muro interior de 80 cm de grosor y otro exterior, sujeto con contrafuertes y un relleno de revolcón de cantera o piedras menudas mezcladas con mortero de cal y arena.

Los muros son de mampostería, y el remate superior estaba realizado con sillares de caliza unidos por grapas metálicas. Consta de dos aliviaderos y dos refuerzos en ambos extremos. La técnica de construcción del pontón es la conocida ya desde la Edad de Hierro, y la podemos ver en yacimientos de esa época en la comarca como la Plaza de Moros.

Desde hace años el embalse está lleno de tierra y vegetación, de modo que las tormentas sobrepasan la altura de la presa, lo que ha ido provocando el desprendimiento de la mayor parte de los sillares, que ahora yacen en las tierras contiguas.

El Pontón Chico posee una fábrica similar a la del Grande, con unas dimensiones de 3,9 metros de alto, 5,3 m de ancho y 25,3 m de longitud.

El muro exterior sólo tiene dos contrafuertes en el centro, ya que al apoyarse la obra sobre el angostamiento de la desembocadura del arroyo de la Fuente del Berralo en la Vega del Tajo, no son necesarios más refuerzos.

Presenta un enlosado superior y otro a pie de muro, donde vierten las aguas, lo que ha llevado a considerarla como una presa-vertedero, que no tiene paraleos en la Península.

Se sospecha, no obstante, que ambas presas debieron funcionar de forma parecida, ya que consta igualmente la existencia de un enlosado bajo el muro exterior en el Pontón Grande. La función de ambas presas es clara: embalsar agua procedente de los arroyos, y regar por medio de un canal de derivación practicado en la parte baja de la ladera de los cerros las tierras de la vega del Tajo, método que resultaba más sencillo que el de subir agua del río, algo que sólo se llevará a cabo siglos después, cuando los árabes popularicen las norias y azudas.

Aunque debería investigarse más a fondo, se cree que las obras son romanas, pues no se encuentra otra justificación para explicar la presencia de presas que la ubicación en sus proximidades de la ciudad que popularmente se conoce como Aurelia, pues es su existencia lo que justificaría la erección de los pontones para llevar agua a los campos y a la propia ciudad.

De este sistema se beneficiaría la villa de Torrique, que se ubica a poco más de una milla del asentamiento de Aurelia. En este caso, Torrique proveería de alimentos a la ciudad, y posiblemente en sus tierras se llevase a cabo no sólo el cultivo de la vid, olivos, frutales y hortícolas, sino que también se transformarían allí esos productos, lo que avalaría la presencia de grandes prensas de las que se han hallado algunos fragmentos al labrar las tierras.

La presencia de cerámicas como “terra sigilliata”, venida de los talleres de Arezzo y del sur de Francia, halladas en Torrique, confirmarían la cercanía de un enclave de cierto relieve, así como la existencia de una red de comunicaciones unida a la prosperidad del asentamiento agrícola o del señor de la villa.

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